La segunda cuestión (generar un árbol de localizaciones) ha sido más problemática,
y ha conducido a una solución lógica que se aleja de los cánones. Asumiendo la imposibilidad
de obtener la localización exacta de muchos de los nombres citados en los CC, se
optó por acudir a un sistema jerárquico de clasificación de localidades, que resolvía
en gran manera el problema de la indeterminación.
De esta forma, cualquier lugar es ubicable dentro de otro conocido, incluso aunque
este último esté también indeterminado. Esto tiene la ventaja de permitir la generación
de clasificaciones basadas en esta jerarquía. Con este criterio, la inclusión de
un lugar en una categoría determinada adscribe automáticamente en esta categoría
tanto a él mismo como a todos sus “hijos” (lugares que forman parte de aquel).
Así se ha obtenido un sistema en el que las coordenadas geográficas no son la base,
sino que lo es el hecho de estar ubicado dentro de otro lugar al que se denomina
“padre”. La Taxonomía de organismos se ha servido de un concepto similar (el de
organismo, o más bien el de “grupo de organismos”) para generar una clasificación
en la que se comparten semejanzas fenotípicas (y, por supuesto, genotípicas) a la
hora de adscribirse a un grupo.